Andrea’s chronicle / La crónica de Andrea

Andrea y AlbertoThree in the morning and the alarm clock was already ringing. Between the excitement and the last-minute things,  I had scarcely slept. But all the weariness vanished in thin air when I landed in Hungary at last, and I ran to hug to my friend Boró as if we were in a movie (a year had gone by without us seeing each other)

We were late to the first meeting because someone, and I don’t want to say the name of my forgetful friend – Alberto 😉 – didn’t wake us up on time. So, when we went into a super library and all the  people from other nationalities looked at us, it’s needless to say that my face turned red.

I took hundreds of photos, and not even the change of language kept me quiet for more than two seconds. We danced, well, the teacher danced and the rest tried not to make complete fools of ourselves. We laughed and wondered again and again why we had put the damned thermal vest on, when the heating in the library was burning hot.

At night in the bedroom, in spite of the weariness, we didn’t stop speaking day after day. And meanwhile our journey was coming to an end. We went ice-skating, I tasted a rare and very hot herbal tea that burned my throat in the blink of an eye. We saw Budapest and lived some  adventures that I will not talk about so that it won’t lose its magic.

Last day, we had a great farewell: it snowed in Budapest. The whole family went to a place where we did a snowball battle, we went sledding and made a snowman, while we were trying to protect us from the killer balls.Con la familia de Boroka

But as always, there is an end. We said goodbye at the airport, with promises that will be fulfilled this summer. And when I sat down on the plane, I did the attempt of studying but I fell down worn out, until a voice on a speaker announced  that we were back in Madrid.

It is impossible to put in words the gratefulness that I feel, not only for being a part of this Comenius family, but also for the opportunity that has been offered to me and that, undoubtedly, has been fruitful, because after those days, I know that not only I have a family here, furthermore I have another one in Hungary, which is ready to receive me with open arms and grinning from ear to ear. Over those four days I felt like another family member, a real Hungarian but for my Spanish nationality 🙂

Andrea Bravo González

Tres de la mañana y ya estaba sonando la alarma. Entre los nervios y las preparaciones de última hora, apenas he dormido. Pero todo el cansancio se desvaneció por arte de magia cuando por fin pisé Hungría y como en las películas, corrí a abrazar a mi amiga Boró. Ha pasado más o menos un año desde la última vez que nos vimos.

El primer día de la reunión llegamos tarde, porque alguien, y no quiero decir el nombre de mi olvidadizo amigo (Alberto ;),no nos despertó a tiempo. Así que, cuando entramos en una súper biblioteca, gente de todas las nacionalidades se nos quedó mirando, ni que decir que me puse roja.

Hice cientos de fotoEn el Parlamentos, y ni el cambio de idioma hizo que estuviese callada por más de dos segundos. Bailamos, bueno, el profesor bailó y el resto hizo el intento de no hacer el ridículo en demasía, Reímos y nos preguntamos una y otra vez por qué nos habíamos puesto la maldita camiseta térmica cuando la calefacción de la biblioteca estaba quemando el infierno.

Por las noches a pesar del cansancio, no paramos de contarnos nuestro día a día. Y mientras tanto el tiempo se iba acabando. Fuimos a patinar sobre hielo, probé una especie de té rarísimo y muy caliente que me quemó la garganta sin pensárselo dos veces. Vimos Budapest y tenemos/vivimos alguna que otra aventura que no contaré para que mi relato no pierda su magia.

El último día, para tener una gran despedida: nevó en Budapest. Toda la familia fue a un lugar donde hicimos una guerra de bolas de nieve, nos tiramos en trineo e hicimos un muñeco de nieve, mientras intentamos protegernos de las bolas asesinas.Andrea y Alberto sepia

Pero como siempre, hay un final. Nos despedimos en el aeropuerto, con promesas que este verano se van a cumplir. Y como era de suponer, cuando me senté en el avión, hice el intento de estudiar pero caí rendida de agotamiento, hasta que una voz de megafonía anunciaba que ya habíamos estábamos de vuelta.

Es imposible expresar con palabras el agradecimiento que siento, no sólo por formar parte de esta familia de Comenius, sino por la oportunidad que se me ha dado y que sin duda ha tenido grandes frutos, porque después de estos días, sé que no solo tengo familia aquí, sino que también tengo una en Hungría, que está dispuesta a recibirme con los brazos abiertos y una sonrisa de oreja a oreja.

Durante cuatro días me he sentido un miembro más de la familia, una húngara aunque con nacionalidad española 🙂

                                                                                                          Andrea Bravo González

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