Jaime’s chronicle

It’s beautiful how some experiences can build up your life. Our trip to Bonn has been one of them.  Four days which started with nervousness, followed by fun, and ended with sadness because of our departure.

I couldn’t sum up the trip in just one image. It’s impossible to choose just one. Every memory comes to my head while I’m writing this chronicle: the arrival, the first meeting with the German boys, the first conversation, my house for four days, their huge college, the city of Bonn, the Rhine’s riverside, the international teamwork, the night at the bowling centre, the first look at Cologne, the breathtaking Cologne cathedral, the goodbye, and of course the German and Welsh people, from the first to the last.

In these four days we have learned about teamwork, responsibility and fellowship. We have also learned about another culture, achieving our goal, which was destroying stereotypes. German people are amazing, extremely functional, punctual and not as serious as we thought! We have been hosted by them, we have lived with them and they have shared everything with us; their home, their food, their laughters…their lives. That’s something we will never forget. Our German and Welsh friends from now on. We’ve got a family in Bonn and they’ve got a family in Madrid.

Es bonito cómo algunas experiencias pueden construir tu vida. Nuestro viaje a Bonn has sido una de ellas. Cuatro días que empezaron con nerviosismo, siguieron con diversión y terminaron con tristeza por nuestra partida.

No podría resumir el viaje en una sola imagen. Es imposible elegir sólo una. Todos los recuerdos se agolpan en mi cabeza mientras escribo esta crónica: la llegada, el primer encuentro con los alemanes, la primera conversación, mi casa durante cuatro días, su enorme colegio, la ciudad de Bonn, la orilla del Rín, el grupo de trabajo internacional, la noche en la bolera, la primera mirada a Colonia, la impresionante catedral, la despedida, y por supuesto, los alemanes y galeses, del primero al último.

En estos cuatro días hemos aprendido sobre trabajo en equipo, responsabilidad y compañerismo. También hemos aprendido sobre otra cultura, consiguiendo nuestro objetivo, que era destruir los esterotipos. Los alemanes son increíbles, extremadamente funcionales, puntuales y ¡no tan serios como pensábamos! Nos han acogido, hemos vivido con ellos y lo han compartido todo con nosotros: su hogar, su comida, sus risas… sus vidas. Eso es algo que nunca olvidaremos. Nuestros amigos alemanes y galeses de ahora en adelante. Tenemos una familia en Bonn y ellos tienen una familia en Madrid.

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